Derrumbes en la costa: Qué hacer para que no se repitan

Derrumbes en la costa: Qué hacer para que no se repitan

Por Arq. Gustavo Di Costa, Profesor de Tecnologías Constructivas de la Facultad de Arquitectura de la UADE.

Durante la pasada noche del martes 27 de julio, un grupo de guardavidas pudo ser testigo, y registrar con las cámaras de sus celulares, como una vivienda de dos plantas de unos 40 años de antigüedad, ubicada en la playa 66 de la ciudad de Mar del Tuyú, se derrumbaba en menos de un minuto. Un segundo caso de carácter similar, pero que no alcanzó a sucumbir, lo constituye una de las viviendas integrantes del grupo de edificaciones del barrio Las Pagodas, atracción turística de la ciudad balnearia de Las Toninas, declarada patrimonio histórico y arquitectónico del Partido de la Costa. Casi la totalidad de la estructura de fundación de esta histórica casa permanece a la vista, para el asombro de propios y ajenos. Un factor común es el responsable de la afectación en ambos casos: la erosión que la crecida del mar ha provocado en el suelo resistente de ambas viviendas.

El tema no es menor, considerando que el frente costero de nuestro país alberga a cientos de ciudades cercanas a las costas del Atlántico. Si bien es cierto que en los casos de derrumbes nunca existe una única razón para el desastre, la voracidad inmobiliaria por conquistarle metros a la playa o la necesidad de una visual exclusiva del paisaje marítimo, en ocasiones, motiva emplazamientos temerarios. Esta razón, sumada a la crecida de las masas de agua, cambio climático mediante, combinada con sudestadas y fuertes vientos acelerados por encima de las medias estadísticas, y la ausencia de obras capaces de atenuar los citados efectos, generan una predisposición para el colapso estructural en construcciones deterioradas y discontinuadas en su adecuado mantenimiento.

La problemática trasciende nuestras costas. La erosión del mar es uno de los sospechosos en la mirada de los expertos encargados de certificar las razones por las cuales el tristemente reconocido complejo Champlain Towers, ubicado en Surfside, Miami Dade, colapsara durante la madrugada del pasado jueves 24 de junio. Su estructura de 12 pisos se desmoronó en tan solo una docena de segundos. Un Informe de la Universidad Internacional de Florida destacaba hacia fines de 2019, a modo de advertencia, “un hundimiento del suelo de 2 mm por año de la isla de Miami Beach a causa de la crecida de las masas de agua circundantes”.

Ante estos casos, la pregunta subyacente es ¿qué podemos hacer al respecto? Pues bien, los profesionales deberíamos proyectar y construir considerando el desafiante contexto que implica la cercanía al mar, con sus efectos desgastantes del suelo resistente, en el mediano y largo plazo. El estudio de suelos, ensayo muchas veces soslayado en la etapa de proyecto, debe recuperar su protagonismo, evitando a futuro colapsos tempranos de las estructuras fundantes al obviarse un óptimo análisis del tipo de suelo resistente y sus condiciones (carga de las napas de agua y tipo de contaminantes presentes capaces de afectar la materialidad de las bases). En forma paralela, se deberían observar los imprescindibles controles de calidad para garantizar estructuras de hormigón libres de fisuras que expongan las armaduras de acero al aire salino, culpable de ocasionar oxidación primero y corrosión después sobre este noble elemento constructivo. Si el acero se discontinúa, una parte de los esfuerzos necesarios de ser cubiertos no encuentra un aliado para su solución.

Un factor fundamental para obtener una razonable seguridad en las etapas de materialización de fundaciones y subsuelos, radica en el acertado conocimiento de la tecnología constructiva y la capacidad de carga de las obras, todo ello en función del lote donde se edificará. Por otra parte, es necesario hacer foco en las obras requeridas para paliar los efectos de las crecidas en las zonas costeras, redactándose en forma paralela normativas eficaces para que las construcciones presenten una adecuada implantación, respetando las áreas de crecidas. Vale considerar, en ese sentido, los registros de los mareógrafos junto con las mediciones satelitales llevadas a cabo por reconocidas organizaciones mundiales entendidas en la temática. Estos revelan que, a lo largo del siglo XX, el Nivel Medio del Mar ascendió unos 20 centímetros, y que la tasa anual de aumento durante los últimos 20 años de dicho siglo ha sido de 3,2 milímetros, casi el doble de la velocidad media de los 80 años precedentes. El estudio regional “Efectos del cambio climático en las costas de América Latina y el Caribe”, realizado por la División de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos de la CEPAL, aporta datos fundamentados al respecto.

Una rápida mirada a las viviendas emplazadas en las costas de Mar del Tuyú, Santa Teresita y Las Toninas, brindan cuenta de la severidad del impacto. Sus frentes derruidos y las bases expuestas de varias obras, evidencian la falta de médanos capaces de actuar como barreras naturales ante el avance del nivel del mar.

Las ciudades balnearias han experimentado, en los últimos años, trascendentales modificaciones, tanto en relación con la cantidad de obras en ejecución, como en cuanto a sus dimensiones y las características técnico-constructivas de las mismas. En ese escenario, se tornan indispensables las obras necesarias a nivel urbano para contener los efectos aparejados por las transformaciones del entorno natural.

Por todo lo establecido, la cuestión demanda una urgente revisión, tanto en la responsabilidad de los profesionales al proyectar y controlar la calidad de sus obras, como de las autoridades de planificar mejoras, legislar y hacer cumplir lo escrito. No obstante, se deberán atender las advertencias dadas por el mantenimiento preventivo de las construcciones. Si cualquiera de las partes de un edificio evidencia desprendimiento de materiales; señales de filtraciones en el hormigón; oxidaciones en armaduras; fisuras, grietas, eflorescencias en sus componentes estructurales; o cualquier otra patología gravosa, la remediación inmediata conformará el único camino válido.

El análisis del contexto natural de las obras reclama su protagonismo. De otra forma, la naturaleza devorará a la arquitectura en menos de un minuto.

 

agosto 19, 2021